sábado, 16 de febrero de 2013

"Hecho de papel"

"Algo en mí debió de llamarle la atención, porque me abrió y se puso a leerme. Pasó una página y luego otra. Poco a poco, su mirada se animó. Colocó la lámpara de aceite en la mesilla, se echó sobre la cama y siguió leyéndome. A ratos movía los labios, como si pronunciara las palabras.
Ha llegado el momento de confesar que los libros, sin los lectores, apenas tendríamos sentido.
Cuando alguien nos abre, para nosotros es como si se descorrieran unas cortinas, y nuestras páginas se convirtiesen en ventanas. Vemos a quien nos ve.
Pero, si además nos leen, es como si nos mirásemos en el espejo de unos ojos. Descubrimos que no estamos hechos solo de palabras y frases, sino también de líneas, párrafos, páginas y capítulos, y que transmitimos emociones. Observamos cómo va cambiando la expresión de los rostros, cómo se vuelven serios o asoma una sonrisa.
Sea como fuere, el joven no pudo escapar a mi embrujo. Poco antes de que me terminase, las campanadas de una iglesia cercana sonaron cuatro veces.
Cierto que no soy un libro muy grueso, ni siquiera contando el pliego añadido, y la mayoría de la gente me considera una novela más bien corta.
Tras llegar al final, el joven se quedó dormido con una mano sobre mí, como un niño que teme que le quiten un juguete. Y es que en realidad todavía era un niño, aunque parecía mayor por lo pálido y demacrado que estaba."

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